Home / Area / DOCTRINA EN DOS PÁGINAS Diario Laboral Nro. 299 – 21.12.2020


DOCTRINA EN DOS PÁGINAS

Sobre la necesidad de escribir claro y el rol del abogado laboralista

Por Luis Daniel José de Urquiza

Este año en el marco de un curso sobre los derechos de las víctimas tuve una epifanía. Como abogado laboralista, nunca me había sentado a leer ni a pensar sobre estos temas. Como ser humano, a medida que leo la ley de víctimas, y tenemos entrevistas con ellas, me revuelve toda mi cosmovisión.

La epifanía: el proceso judicial es revictimizante, aunque te esfuerces en que no lo sea. Lo único que el letrado puede hacer es mejorarlo, ayudar a la víctima a atravesarlo, ser parte de la solución en vez de parte del problema. Pero todo proceso judicial tiene elementos que implican que la víctima reviva la situación negativa, porque es parte del esfuerzo por conocer la verdad material de lo ocurrido. En el ámbito del Derecho del Trabajo, un ejemplo claro son los despidos discriminatorios o aquellos en los que hubo acoso laboral.

Cambiemos ahora a otro pasaje, otro aspecto de mi experiencia personal. Leo a Stephen King en su libro “Mientras escribo”. Leo a Ken Follet: “Cómo escribir un bestseller”. Aprendo que las oraciones no tienen que tener más de 20 palabras. Aprendo que, para ser fácilmente comprendidos, los párrafos tienen que tener la idea central al principio. Aprendo a distribuir visual y rítmicamente los textos. Hay una música propia de cada idioma, y hay una música visual. Todo esto y mucho más lo aplico cuando escribo demandas y contestaciones de demanda, desde que soy abogado. Trato de ser claro y sencillo.

No encuentro contradicción entre aceptar el formalismo habitual de nuestra profesión, con escribir con claridad y sencillez las demandas, las contestaciones, y todo el expediente. No solamente se puede, sino que se debe. Y no sólo para el ciudadano, sino para todos los intervinientes. ¿Cuántas veces ocurre que el juez no entiende de qué habla el abogado, o se saltea páginas y páginas de cortado y pegado? ¿Cuántas veces pasa que el abogado se pregunta “¿y qué me quiso decir con esto?” y vas a la mesa de entrada y te dicen “ah no Dr., yo no lo puedo asesorar”. Pensamos en el ciudadano, pero escribir claro y sencillo nos sirve a todos.

Ahora bien, escribir claro y sencillo ¿es ser vulgar, chistoso, coloquial? ¿qué es? Considero que es escribir para que te entiendan, con vocación e intención de ser claro, de ser comprendido por todos los destinatarios del texto. Decía Ortega y Gasset que la cortesía del filósofo es escribir con claridad. Eso no significa escribir con bajo nivel, o subestimando al otro. Significa que, como emisores de un mensaje, intentamos auténticamente y de corazón que el receptor nos comprenda, y por lo tanto lo emitimos de modo tal que así sea.

Hay un delicado equilibrio para transitar entonces. ¿Puedo escribir una demanda como un bestseller? No. No puedo narrar la demanda como una historia con un conflicto dramático, un interés amoroso, un alivio cómico, dividida en 3 actos, con introducción, nudo y desenlace. No puedo usar recursos de estilo literario para darle belleza y poesía al texto. Pero sí puedo escribir oraciones cortas. Sí puedo organizar párrafos de un largo razonable. Sí puedo estructurar los párrafos para que las ideas principales sean comprensibles.

Del mismo modo, ¿puede la sentencia ser coloquial porque de ese modo el trabajador entiende? Creo que no. El equilibrio está en redactar la sentencia de modo tal que lo importante para el trabajador pueda ser rápidamente destacado y leído, y que eso que lea sea lo más claro posible. Pero no vamos a poder evitar la complejidad legal y jurisprudencial necesaria para fundamentar la sentencia. ¿Querés mirarlo desde la perspectiva más micromallas de poder foucaltiana? La sentencia sigue siendo una expresión de poder, de ese monopolio de la fuerza que tiene el Estado. Nuestro sistema nos pide que, para ejercer ese poder, el juez tiene que fundarse en la ley, la jurisprudencia, la doctrina. De otro modo, el fallo es arbitrario.

Así como no se puede evitar revictimizar al trabajador, y lo único que podemos hacer es reducir al mínimo ese daño por todos los medios posibles, tampoco podemos simplificar la sentencia hasta el punto de que no tenga fundamentación en derecho. Continuará siendo necesaria entonces la presencia de un letrado que explique e interprete al trabajador esa sentencia, por más clara y sencilla que sea su redacción.

Este sería mi análisis personal, espero les sea de utilidad a la hora de ejercer la profesión como abogado laboralista.

 

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