Home / Area / DOCTRINA EN DOS PÁGINAS Diario DPI Suplemento Energía y Regulación Energética Nro 23 – 04.07.2019


DOCTRINA EN DOS PÁGINAS

Acuerdo MERCOSUR y UNIÓN EUROPEA Expectativas sobre la energía

Por Miriam Alejandra Santangelo

Grandes son las expectativas puestas en el reciente Acuerdo MERCOSUR-UNIÓN EUROPEA. Lejos de las críticas no constructivas y cerca de aquéllas que podemos considerar objetivas y constructivas, no podemos menos que entender que la apertura comercial siempre es una buena noticia.

Las desventajas de los gobiernos cerrados al comercio exterior o los que eligen puntualmente sus proveedores por identificación ideológica, no ayudaron a la Argentina a desarrollar sus industrias.

Hoy en día, la gran desventaja de los gobiernos cerrados al mercado internacional se centra principalmente en desventajas tecnológicas. No me refiero a los smartphones o los smart tv, sino en la utilización de esa tecnología para aprovechar más eficazmente nuestros propios recursos. Me refiere también a que jóvenes y no tan jóvenes puedan acceder a información y conocimientos valiosos para su capacitación en esa materia.

Cuando cerramos nuestras puertas, los que están “afuera” siguen avanzando a pasos agigantados, mientras que puertas adentro vamos desacelerando el paso hasta que empezamos a retroceder sin darnos cuenta.

El hecho que nuestras empresas (junto con nuestra gente) puedan presentarse a licitaciones públicas –por ejemplo- en pie de igualdad con empresas europeas, es un avance que no debemos dejar pasar. Claramente no será fácil, pero como todo, enfrentar los desafíos permiten superarlos.

Que exista la posibilidad que la UE quiera aprovechar para vendernos su producción, no es ningún secreto, pero el Mercosur también tendrá la posibilidad de vender más a la UE, y esa mirada cortoplacista debe rectificarse y apostar, de una vez por todas, por objetivos a largo plazo.

No cabe duda que la Unión Europea es un socio estratégico, tanto desde el punto de vista histórico como cultural, geopolítico y comercial.

Además de los beneficios comerciales, el acuerdo también tiene un impacto positivo en materia institucional, por cuanto la Argentina avanzaría en un proceso que nos lleva a ser reconocidos como un país de credibilidad internacional, instituciones transparentes, modernas y eficientes.

Queda mucho por hacer aún, y no podemos quedarnos dormidos en los laureles como si el objetivo final fuera sólo la suscripción de este Acuerdo. Hay que dejar de mirar sólo para adentro y entender que una buena negociación -que no implica obtener todo lo que se quiere, sino haber logrado un punto de encuentro entre los intereses de las partes- que tenga en cuenta el mercado interno, logrará a largo plazo un desarrollo económico sostenido de nuestro país.

Falta dictar normas de aplicación obligatoria en los países del Mercosur, falta un tribunal regional y organismos que regulen y apliquen las normas de la región.

No hay que tener miedo a una unión aduanera, que implique libre circulación y un arancel común para todo lo que ingresa de afuera, que implique además la circulación de bienes de intercambio de capital y trabajo, que implique una asimilación de legislación laboral y financiera. Luego de ello recién llegaría la unidad monetaria y la integración de bloques supra nacionales.

Claramente todo esto replicaría favorablemente en las negociaciones energéticas entre los miembros del Mercosur y entre éste y la UE.

Recientemente –el 25-06-2019-, el Consejo de la UE definió los principios y prioridades de los futuros sistemas energéticos de la Unión de la Energía, para sentar las bases de futuras políticas destinadas a lograr un sistema energético asequible, seguro, competitivo, fiable y sostenible. Esas definiciones proporcionan una visión para la política energética de la UE para 2030 y más adelante. Además de la visión a largo plazo, el Consejo insistió en la importancia de centrar los esfuerzos y aumentar la inversión en materia de infraestructuras, tecnologías innovadoras y acoplamiento e integración sectoriales. Al mismo tiempo, tienen en cuenta que deben asegurar que los ciudadanos y las empresas estén en el centro del proceso de transición energética, garantizando la aceptación social y la competitividad a escala internacional.

Esto es sólo un ejemplo de lo que podríamos lograr en el futuro si seriamente pusiéramos a disposición de la sociedad este tipo de estructuras supranacionales en materia energética en América del Sur.

Esperemos poder resolver las diferencias para adentro y para afuera, y que el pensamiento cortoplacista de los “logros” inmediatos no entorpezcan a aquellos que tienen la mirada puesta en el bosque y no sólo en el árbol. Y a no dudar, que la tecnología en materia energética que aún no ha llegado a la Argentina, así como los acuerdos potenciales que se suscriban a nivel del Mercosur-UE, aportarán importantes beneficios a nuestra sociedad.

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