Home / Area / DOCTRINA EN DOS PÁGINAS Diario Civil y Obligaciones Nro. 274 – 11.04.2022


DOCTRINA EN DOS PÁGINAS

Las predisposiciones de la víctima no interrumpen el nexo causal

Por Segundo J. Méndez Acosta

I. Tortfeasor takes victim as he finds him II. Predisposiciones de la víctima III. Incapacidad previa y constatada de la víctima

I. Tortfeasor takes victim as he finds him

Sucede a menudo que un daño, que habría sido mínimo en un sujeto sano, adquiere una gran gravedad por las predisposiciones que tenía la víctima (v. gr., la hemorragia de un hemofílico, persona tuerta que queda ciega luego del accidente, quien tiene predisposición al suicidio[1], quien tiene un corazón débil, la hemorragia cerebral que causa la muerte de un hipertenso, depresión causada a una persona mentalmente frágil, insuficiencia cardíaca, obesidad).

En esta intervención nos hacemos el siguiente interrogante: ¿tienen relevancia causal las predisposiciones de la víctima?

Entendemos que esa pregunta se responde de forma negativa, con arreglo a la máxima según la cual el dañador toma a la víctima como la encuentra[2].

Para mayor claridad expositiva, esbozamos dos afirmaciones que seguidamente justificamos:

  1. Las predisposiciones de la víctima carecen de relevancia causal, excepto que se trate de una predisposición imprevisible.
  2. La incapacidad (psíquica o física) de la víctima, previa al accidente y constatada, sí tiene relevancia causal, excepto que el accidente cambie radicalmente la naturaleza de la incapacidad.

II. Predisposiciones de la víctima

Cuando el damnificado tiene una patología que contribuye a la causación del siniestro no es posible hablar del hecho del damnificado, como causa ajena al sindicado como responsable, pues la afección que resultó de la predisposición de la víctima solo ha sido revelada o causada por el accidente[3].

En rigor, a menos que la predisposición sea de una rareza inusitada o que la persona tenga una receptividad excepcional –en cuyo caso no hay una causa adecuada–, no puede reducirse la indemnización con fundamento en que el dañado tenía una predisposición patológica, en orden a que ello implicaría consagrar –sin fundamento legal, y en contra del derecho constitucional a la igualdad; art. 16, Const. Nac.– un régimen de responsabilidad únicamente para gente saludable[4].

Es que, según suele decirse, el autor del daño encuentra a la víctima tal como está, y la realidad es que ella llevaba a cabo una vida normal con anterioridad al hecho dañoso, y es recién a partir de ese momento en que el dañado presenta el estado actual, por lo que fue ese acontecimiento el que hizo despertar la predisposición previa de la víctima. Hasta antes del hecho la precondición del dañado jugaba un papel meramente pasivo (estático), y desde allí se despertó su dinamismo y se hizo producir su efecto.

Dicho de otro modo, el derecho aprehende a la víctima con sus particularidades personales, como ser singular que es. Esto, que importa adscribir a la doctrina anglosajona conocida como “eggshell rule”, conduce a concebir a cada persona con sus predisposiciones, las que en ciertos casos pueden hacer que los efectos del hecho sean menores, mientras que en otros mayores.

Se admite, entonces, la relación causal entre el hecho de que se trate y la totalidad de la consecuencia dañosa[5]. Por ende, las predisposiciones de la víctima, en principio, no tienen virtualidad interruptora del curso causal.

Esto no es así, sin embargo, cuando la condición patológica previa es de una anormalidad que la torna imprevisible (v. gr., quien padece de osteogénesis imperfecta), o cuando la persona no toma las precauciones que eran de esperarse en función de su particular condición[6]. La razón de tales excepciones se halla en el criterio legal establecido para enlazar al hecho con sus consecuencias. La causalidad adecuada, precisamente, descarta la existencia de relación causal cuando el efecto no solventa el test estadístico o de probabilidad al que refiere el art. 1726 del Código Civil y Comercial (quid iuris), más allá de que, desde un punto de vista estrictamente material, pueda reputarse que esa consecuencia fue causada por el hecho de que se trate (quid facti).

Descartamos, con esto, la opinión según la cual la imputación de la totalidad de la consecuencia al autor del daño es una aplicación de la teoría de la equivalencia de las condiciones[7]. Por el contrario, entendemos que es previsible que ciertas personas puedan padecer de una precondición física o psíquica que agrave los efectos del hecho. Para más, la excepción que referimos precedentemente –en cuanto a que no están comprendidas las predisposiciones imprevisibles– reafirma que no estamos ante una excepción a la regla de la causalidad adecuada.

La jurisprudencia, con cuestionables excepciones[8], ha aplicado estas mismas ideas. Así se lo hizo en un caso en el que la actora presentaba una situación psíquica preexistente que favoreció el desarrollo del grado de incapacidad[9], en otro en donde la persona damnificada era obesa[10], o en uno en el que la persona, a raíz de haber tomado un medicamento que no presentaba la suficiente información, se le presentó una enfermedad que ya tenía como base[11]. No obstante las distintas predisposiciones patológicas de las víctimas en esos casos, los sindicados como responsables fueron responsabilizados por el total, sin asignarse relevancia causal alguna a dichas condiciones[12].

III. Incapacidad previa y constatada de la víctima

A diferencia de lo que ocurre con las predisposiciones, la incapacidad –psíquica o física– de la víctima, en tanto sea previa al accidente y se encuentre constatada, sí tiene relevancia causal (v. gr., el ciego que a raíz del accidente pierde un ojo).

Esto, que lo hizo notar la corte federal[13], importa decir, por ejemplo, que si a raíz de un accidente se demuestra que una víctima presenta una incapacidad del 40%, cuando ella ya tenía desde antes una incapacidad parcial y permanente del 10%, el sindicado como responsable solo responderá por las consecuencias derivadas del 30% de incapacidad[14].

Es así, justamente que, cuando la víctima ya tiene una incapacidad reconocida –v. gr., por una especial receptividad, por otro accidente–, el hecho no es el origen de esa incapacidad, al solo haber relación de causalidad entre el accidente de que se trate y el eventual agravamiento del estado de la víctima[15]. Por consiguiente, cuando se comprueba que la víctima tenía una incapacidad previa al accidente, ella sólo ha de ser indemnizada en la medida del agravamiento de su estado, pues en tal caso la capacidad de la víctima ya estaba reducida[16].

Empero, lo dicho precedentemente no aplica si el accidente transformó radicalmente la naturaleza de la incapacidad, como el caso en el que la víctima antes del hecho llevaba a cabo una vida perfectamente normal –a pesar de su incapacidad–, y luego del hecho queda totalmente afectada por dicha incapacidad (v. gr., la persona que, teniendo cierta in

[1] Se ha entendido que no existe co-causación en caso de que el paciente psiquiátrico se quite la vida, y que la responsabilidad es plenamente del establecimiento asistencial (Kraut, Alfredo J., Responsabilidad civil de los psiquiatras, La Rocca, Buenos Aires, 1998, p. 100/107; Bueres, Alberto J., Responsabilidad civil de los médicos, 3ª ed., Hammurabi, Buenos Aires, 2006, p. 364, nota n.º 145; Benavente, María I., en Derecho y salud mental, Kraut, Alfredo J. (dir.), Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2020, t. II, p. 643). De todos modos, en tales casos la cuestión central pasará por determinar la existencia de un factor de atribución que permita trasladar las consecuencias del conocimiento al nosocomio o profesional (v. gr., culpa), por lo que si bien al suicidio podrá entendérselo vinculado causalmente con el hecho, también habrá necesariamente que acreditar que –por ejemplo– existió una falta de diligencia en la atención del paciente.

[2] Van Dam, Cees, European tort law, 2ª ed., Oxford University Press, 2013, Oxford, p. 344, n. 1113.

[3] Malaurie, Philippe – Aynès, Laurent – Stoffel-Munck, Philippe, Les obligations, Defrénois, Paris, 2003, p. 49, n. 98; Chabas, François, Cien años de responsabilidad civil en Francia, trad. por Mauricio Tapia, Van Dieren Éditeur, Paris, 2004, p. 74, n. 82; Mazeaud, Henri, Léon y Jean – Chabas, François, Traité théorique et pratique de la responsabilité civile délictuelle et contractuelle, 6ª ed., Montchrestien, Paris, 1978, t. III, p. 749, n. 2394; Viney, Geneviève – Jourdain, Patrice, Traité de droit civil. Les conditions de la responsabilité, Ghestin, Jacques (dir.), 3ª ed., LGDJ, Paris, 2006, p. 345, n. 434.

[4] Ver, entre los autores nacionales: Prevot, Juan M., “Obligaciones in solidum vs. concurrencia causal: a propósito de la influencia de las predisposiciones de la víctima sobre la pretensión resarcitoria”, DJ 2005-3, 833; Picasso, Sebastián – Sáenz, Luis R. J., Tratado de Derecho de Daños, La Ley, Buenos Aires, 2019, t. I, p. 384; Picasso, Sebastián, “Predisposiciones de la víctima y relación causal”, LL 2019-E, 749.

En contra: Mosset Iturraspe, Jorge, Responsabilidad por daños, Ediar, Buenos Aires, 1982, t. I, p. 208, n. 84; Zavala de González, Matilde, “Situación anormal de la víctima como causa o concausa del daño”, RCyS, agosto de 2011, p. 3; Trigo Represas, Félix A., “Las predisposiciones anteriores de la víctima de un daño indemnizable”, RCyS 2014-X, 51; Ossola, Federico A., Responsabilidad civil, Rivera, Julio C. – Medina, Graciela (dirs.), Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 2016, p. 94, n. 65; Ossola, Federico A. – Azar, Aldo M., en Tratado de derecho civil y comercial, Sánchez Herrero, Andrés (dir.), La Ley, Buenos Aires, 2016, t. III, p. 388, quienes afirman que “siendo cierta la presencia de una condición inherente al damnificado que actúa sobre el nexo causal, corresponde reducir la reparación en función de la proporción en que la predisposición incide en la producción del menoscabo”.

[5] Le Tourneau, Philippe – Cadiet, Loïc, Droit de la responsabilité, Dalloz, Paris, 1998, p. 291, n. 887; Bénabent, Alain, Droit civil. Les obligations, 11ª ed., LGDJ, Paris, 2007, p. 398.

[6] Picasso, Sebastián – Sáenz, Luis R. J., Tratado de Derecho de Daños, cit., t. I, p. 384.

[7] Bénabent, Alain, Droit civil. Les obligations, cit., p. 398.

[8] En un precedente, si bien se dijo que “el derecho de daños no tutela únicamente a las personas sanas o carentes de toda afección previa”, luego se concluyó lo siguiente: “probadas las patologías graves que sufría la damnificada (insuficiencia pulmonar (pulmón de lucha), insuficiencia cardíaca (vaso congestión pericárdica, fibrosis cardíaca intefibrila) y diabetes) de carácter preexistente hecho dañoso, verificadas por los todos galenos que intervinieron en la causa, tanto en el transcurso de la IPP como en este legajo, entiendo que han operado como concausa, limitando la extensión del resarcimiento”, por lo que se limitó la responsabilidad del demandado en un 50% (CCiv.yCom. de Mar del Plata, Sala I, 12/8/2020, “Dana, Mónica Alicia y otro c/ Sucesores de Blasi Rodríguez Héctor y otros s/ daños y perjuicios”). En sentido semejante, compulsar: SCBA, 24/11/1999, “Rocca, Eduardo C. c/ Aceros Bragado S.A. y otra”, DT 2000-A, 965; CNTrab., Sala VII, 29/2/2016, “D., G. I. c/ Coca Cola Femsa de Buenos Aires S.A.”, DT 2016 (junio), 1445.

[9] CNCiv., Sala L, 3/11/1992, “S., M. B. y otra c/ Cammanieri, Omar J. y otra”, LL 1994-B, 379.

[10] CNCiv., Sala H, 2/8/2006, “Rodas Rojas, Cayetana c/ Coto CICSA”, DJ 11/10/2006, 397.

[11] CNCiv., Sala A, 22/8/2012, “R., F. E. c/ Bayer S.A. y otros s/ daños y perjuicios”, LL 2012-F, 411.

[12] En el mismo sentido: CNCiv., Sala F, 21/7/2006, “V. de G., M. c/ Centro Gallego de Buenos Aires y otro”, LL, 30/11/2006, 4; idem, Sala A, 1/3/2021, “Serantes, Luis Roberto c/ Cochia, Carlos Orlando y otros s/ daños y perjuicios”, del voto en disidencia del Dr. Sebastián Picasso; idem, Sala A, 31/10/2017, “Troccoli, Teresa y otro c/ Almafuerte S.A.T.A.C.I. y otros s/ daños y perjuicios”.

[13] La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho, en un precedente, que “no queda margen de dudas acerca de que el daño alegado por el actor como producto de la escoliosis que padece –del cual deriva el resto de sus padecimientos– resulta preexistente a su relación con Darleen S.A.I.C. y no hay elementos probatorios idóneos que demuestren en forma concluyente que se hubiera agravado por su actividad laboral. De tal modo, la sola circunstancia de que la demandada al momento de realizarle el examen preocupacional no hubiera especificado el grado de incapacidad que lo aquejaba (…) no resulta suficiente para atribuirle responsabilidad civil en atención a la preexistencia del daño y la ausencia de prueba de su agravamiento y de su relación causal con su actividad” (CSJN, 9/4/2019, “Báez, Jorge Guillermo c/ Darlene SAIC y otro s/ accidente –acción civil”).

[14] Cabrillac, Rémy, Droit des obligations, 6ª ed., Dalloz, Paris, 2004, p. 223, n. 323, y la 11ª ed., Dalloz, Paris, 2014, p. 269, n. 323; Ossola, Federico – Azar, Aldo M., en Tratado de derecho civil y comercial, Sánchez Herrero, Andrés (dir.), cit., t. III, p. 388.

[15] Le Tourneau, Philippe – Cadiet, Loïc, Droit de la responsabilité, Dalloz, Paris, 1998, p. 291, n. 887

[16] Malaurie, Philippe – Aynès, Laurent – Stoffel-Munck, Philippe, Les obligations, cit., p. 50, n. 98.

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