Home / Area / DOCTRINA EN DOS PÁGINAS Diario Civil y Obligaciones Nro. 241 – 30.10.2020


DOCTRINA EN DOS PÁGINAS

Algunas reflexiones sobre la incorporación de fórmulas matemáticas para la cuantificación del daño por lesiones a la integridad psicofísica

Por Federico S. Carestia

El criterio que deben adoptar los jueces para determinar la cuantía indemnizatoria en casos de lesiones o incapacidades físicas o psíquicas constituye quizás uno de los temas más controvertidos del derecho de daños. La complejidad de la tarea radica en que resulta imposible, por más que se lo intente, predecir con absoluta certeza las consecuencias patrimoniales que una persona sufrirá en el resto de su vida con motivo de una incapacidad. La multiplicidad de escenarios posibles de suscitarse en el futuro, de no haber ocurrido el ilícito, genera que todas las respuestas que pueda brindar el sistema de administración de justicia sean, por definición, deficientes.

Por supuesto que eso no significa que deba abandonarse la labor, sino más bien llevarla adelante conociendo que los mecanismos para traducir en dinero estos detrimentos resultan imperfectos. Esto es, que no existen fórmulas matemáticas mágicas ni jueces omnipotentes que estén en condiciones de vaticinar de modo infalible todos los perjuicios posibles. Por ende, la búsqueda de los operadores jurídicos quedará reservada a realizar una proyección razonable de los menoscabos patrimoniales que un sujeto determinado, de acuerdo a sus circunstancias particulares, podría haber padecido.

En este marco, resulta innegable –al menos desde una perspectiva de diseño institucional- la necesidad de encontrar sistemas que cuenten con parámetros objetivos y regulares a fin de brindar respuestas homogéneas para casos similares. Es decir, un procedimiento que permita anticipar, con cierto grado de razonabilidad, la decisión de los magistrados en atención al contexto en el que se aplica. Sin lugar a dudas, ello contribuirá a fomentar acuerdos transaccionales y, por ende, a disminuir la cantidad de litigios en esta materia. El desafío es lograr, al mismo tiempo, una reparación fiel a las afecciones que sufre el damnificado particular, y un sistema predecible que no provoque desigualdades en asuntos afines. En esta tarea, se encuentran comprometidos valores sumamente relevantes como el derecho a la reparación plena, la seguridad jurídica, la previsibilidad en las decisiones, y el trato igualitario que merecen los ciudadanos.

El método conocido como “prudente arbitrio judicial” suele reflejar una mera descripción e individualización de los elementos que llevaron al resultado (grado de incapacidad, edad, sexo o condición económica y social), desprovista de una técnica explícita de aplicación o ponderación, lo que impide a las partes y al resto de los operadores jurídicos evaluar y refutar la decisión. Este modelo imposibilita indagar el procedimiento mental mediante el cual el juez escoge ciertos componentes relevantes dentro de los múltiples o infinitos que ofrece el caso y  fija un monto indemnizatorio.

Al mismo tiempo, contraria al art. 3 del Código Civil y Comercial, que prevé que “el juez debe resolver los asuntos que sean sometidos a su jurisdicción mediante una decisión razonablemente fundada”. La cuantificación exige que el magistrado revele la forma en que ha interconectado cada una de las variables que menciona en su sentencia. Es que resulta deseable que el sistema judicial utilice una técnica que exhiba de manera precisa la forma de enlazar cada uno de los componentes que permitieron arribar al resultado: un método cuyas problemáticas e imperfecciones no estén ocultos, sino visibles, abiertos y vulnerables a la crítica y el debate de los operadores jurídicos.

El art. 1746 del Código Civil y Comercial dispone que la indemnización por lesiones o incapacidad física o psíquica debe establecerse mediante “la determinación de un capital, de tal modo que sus rentas cubran la disminución de la aptitud del damnificado para realizar actividades productivas o económicamente valorables, y que se agote al término del plazo en que razonablemente pudo continuar realizando tales actividades”. La norma utiliza la locución “debe” para la evaluación a través de este procedimiento de capital humano, lo que pareciera ser una directiva precisa a los magistrados y no una opción más dentro de un abanico de posibilidades.

En términos matemáticos, el código se refiere a la aplicación de una fórmula de valor presente de una renta constante no perpetua. Para explicarlo de modo sencillo, debe establecerse una suma de dinero presente que, invertida a una determinada tasa de interés, represente ingresos futuros periódicos para el damnificado. Estos importes, establecidos por el magistrado de acuerdo a las constancias del expediente, deben reflejar y cubrir la disminución de las aptitudes de la víctima para realizar actividades productivas o económicamente valorables y, a fin de evitar un enriquecimiento sin causa, agotarse al finalizar el período. En otras palabras, se intenta averiguar el monto de capital que, invertido a un riesgo mínimo, generaría una renta equivalente a los ingresos frustrados de quien reclama, cuya utilidad debe agotarse al concluir el período.

La fórmula matemática propuesta, injustamente criticada y denostada, en vez de sencillamente enunciar las pautas indicativas, las traduce en un algoritmo. Simplemente pone de manifiesto los pasos adoptados, permitiendo que las partes examinen, controlen, refuten y controviertan cada uno de los componentes de la decisión (renta que debería recibir el damnificado, tasa de interés de descuento y períodos aplicables) y el modo en que fueron aplicados o interrelacionados; que reconstruyan el razonamiento de la solución. El valor de cada una de las variables de cálculo (que pueden ser conocidas, debatidas, actualizadas y corregidas por la ciudadanía) constituye una situación de hecho y prueba que sí estará sometida al prudente arbitrio judicial. El procedimiento de fórmulas, entonces, hace un aporte significativo (pero al mismo tiempo modesto), circunscripto a exponer el modo de conectar los elementos que llevan al resultado.

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