Home / Area / DOCTRINA EN DOS PÁGINAS 1 Diario DPI Suplemento Género Nro 14- 26.11.2018


DOCTRINA EN DOS PÁGINAS

“Lo Personal es Político”: vida Personal y trabajo libres de Violencia

Por Andrea Isabel Franconi

Lo Personal es Político” era el lema de la segunda ola feminista de los años 70´, bajo el mismo las mujeres se manifestaron contra la discriminación sexual y los estereotipos imperantes, reclamando la igualdad de derechos con los varones en los distintos ámbitos de la vida social, política y económica. Además, se exigió el reconocimiento del derecho a la decisión sobre el propio cuerpo, que implica el derecho a decidir su proyecto de vida.

Esta frase histórica buscó poner de relieve las conexiones entre la experiencia personal y las grandes estructuras sociales y políticas. Como lo resume Heidi Hartmann: “el descontento de las mujeres, no es el lamento neurótico de los inadaptados, sino una respuesta a una estructura social en la que las mujeres son sistemáticamente dominadas, explotadas y oprimidas[1].

Hoy en día, este emblema de lucha continúa teniendo vigencia, pero ahora aplicado al ámbito de las relaciones laborales, tanto a nivel individual como colectivo. Resulta imposible pensar en alcanzar una verdadera equidad de género e inclusión en el mercado de trabajo sin contar con políticas que modifiquen las barreras estructurales que afectan la vida privada de las trabajadoras.

Efectivamente, la vida privada impacta sobre el mundo del trabajo y viceversa. Es innegable que la vida privada de la mujer trabajadora es puesta en escrutinio de manera cotidiana en el acceso, mantenimiento y egreso del mercado de trabajo. Desde las entrevistas de admisión, donde se le cuestiona sobre sus planes futuros respecto a la maternidad, hasta la falta de acceso a ascensos por la imposibilidad de concurrir a reuniones “after office” (por la falta de distribución de las cargas parentales) donde se adoptan ese tipo de decisiones. Es moneda corriente la valoración del ámbito personal de la mujer trabajadora en términos de productividad empresarial y las consecuencias adversas que ello genera en materia de igualdad de oportunidades para el hombre y la mujer.

Una encuesta reciente de la OIT y Gallup concluyó que el equilibrio entre el trabajo y la familia es el mayor desafío para las mujeres de los países desarrollados y emergentes y el segundo mayor reto en los países en desarrollo[2].

En igual sentido, la violencia entendida como un continuado de comportamientos que se reproduce desde el ámbito social al interior de las empresas, constituye per se un impedimento para el desarrollo y progreso laboral de las mujeres trabajadoras.

 “La historia de las mujeres es la historia de la injusticia, la desigualdad, la violencia y la explotación”, denunciaba Malala Yousafzai[3], tras su lucha por reivindicar el derecho a la educación de las niñas y adolescentes en Pakistán. La violencia de género como la sexual refleja, y, al mismo tiempo, aumenta las desigualdades entre mujeres y hombres, repercutiendo de forma negativa en el lugar de trabajo. Sin duda, puede constituir una barrera en sí misma para el acceso y permanencia en el mercado laboral.

Combatir la violencia está incluido en varios convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). A tenor de lo dispuesto en el Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111), el acoso sexual se considera una forma de discriminación por motivo de sexo.

En otros instrumentos, tales como el Convenio sobre el marco promocional para la seguridad y salud en el trabajo, 2006 (núm. 187) y el Convenio sobre las prestaciones en caso de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, 1964 (núm. 121), si bien la violencia o el acoso no se mencionan explícitamente, se proporcionan algunos elementos útiles para cubrir los aspectos conexos de la seguridad y salud en el trabajo y las enfermedades causadas por la violencia y el acoso en el ámbito laboral.

Pero actualmente ninguna norma internacional trata la cuestión específica de la violencia y el acoso en  el trabajo.

Hoy en día, organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.) y la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T.), han puesto el foco en otorgar especial protección a los grupos que se encuentran en mayor riesgo de sufrir una restricción y/o impedimento al pleno goce de sus derechos fundamentales en ámbito laboral. Entre ellos, la cuestión del género ha tenido especial tratamiento.

Es así que, luego de ocho (8) años de ser postulado como tema a tratar, en el año 2015 el Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo, aprobó la incorporación del tópico:“Violencia” en el orden del día de la 107° Conferencia Internacional del Trabajo desarrollada en el mes de junio de este año 2018. Allí, comenzó el debate para la generación de la Primera Norma Internacional del Trabajo en materia de Violencia y Acoso en el mundo del Trabajo, esperándose una resolución al respecto para el año 2019.

Dentro de su preparación, se desarrollaron reuniones tripartitas y de expertos, en cuyo marco se ha reconocido la necesidad de prestar especial atención a grupos especialmente vulnerables desde una mirada de género.

La violencia en el mundo del trabajo reviste muchas formas, incluido el acoso, el hostigamiento y la intimidación, la trata de seres humanos, la prostitución forzosa, y las agresiones. La violencia impone un elevado costo a los trabajadores, a los empleadores y a la sociedad en general. Puede provocar un nivel alto de estrés, pérdida de motivación, aumento de los accidentes, discapacidad, y hasta la muerte.

La conciliación entre la vida personal y el trabajo, junto con la eliminación de barreras estructurales (como los estereotipos y la violencia en sus diversas formas) que impiden el acceso igualitario de hombres y mujeres al mercado laboral, son problemáticas estructurales que existieron en el pasado, se vislumbran en el presente y se proyectan como desafío para el futuro.

Volvamos a lo personal, tornando de aplicación en el mundo actual la máxima ya planteada en la década de los 70’, bajo el entendimiento que el logro de una vida personal y profesional plena para las mujeres sólo podrá alcanzarse mediante el arbitrio de políticas dentro y fuera del ámbito laboral que de manera recíproca se complementen a fin de alcanzar un “Futuro del Trabajo” con inclusión y verdadera igualdad de oportunidades.

[1] Hartmann, Heidi (1997). «The unhappy marriage of Marxism and feminism: Towards a more progressive union». En Linda J. Nicholson (ed.). The Second Wave: A Reader in Feminist Theory. New York: Routledge. p. 100. ISBN 9780415917612.CS1 maint: Uses editors parameter

[2] OIT y Gallup, 2017: Towards a better future for women and work: Voices of women and men, disponible en http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—dcomm/—publ/documents/publication/ wcms_546256.pdf (pág. 45) (informe completo en inglés y nota de prensa en español titulada «Hacia un futuro mejor para las mujeres en el trabajo: la opinión de las mujeres y de los hombres», disponible en http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—europe/—ro-geneva/—ilo-madrid/documents/genericdocument/ wcms_548308.pdf).

[3] Malala Yousafzai pasó a la historia cuando ganó el Premio Novel de la Paz en 2014, pero antes de eso ella ya había ganado algo mucho más valioso en su lucha por los derechos civiles de las mujeres en Pakistan, donde un régimen Taliban les había negado la participación en los distintos ámbitos de la vida política y económica, y las niñas tenían prohibido asistir a la escuela.

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